dimanche 2 mai 2010

Nulle part et partout...

Nulle part et partout…

Un poco más y no estaré
No podrán conmigo entonces
Los dolores ni los fríos.

Como el tiempo me llevarán las aguas
Lejos, muy lejos, más allá…
Tan lejos que sombra yo parezca
Y con la nada me confunda.

Estoy triste, tengo pena
Tantos golpes que me dieron
Azules, rojos, estruendosos,
Grotescos,
Siempre violentos, esos golpes que me dieron
Y que yo nunca pedí.

Hace tiempo y desde el otro lado
Del Pacífico Océano,
Me arrastraron turbias olas hasta acá
Y hoy día,
¿dónde estoy ?
En ninguna parte y por doquier…

No es posible tragarse tanto polvo
Ni cesar de beber, siempre beber
En las copas infinitas del amor.

Es terrible recorrer ancho el desierto
Y sin querer, o apenas queriendo,
Acostarse en el lecho del viento y del temblor.
Lento va gimiendo, éste mi canto
Hecho de aullidos, tan dolidos…
Se despiertan furiosos los lobos en el Sur.

De pronto algo se apaga, algo se calla,
Sin saberlo me pregunto :

¿ Dónde, para quién
Y por qué estoy ?

¿ Es posible danzar,
Soñar con las estrellas ?
No le sé, ya no sé,
Quiero entonces morir,
Ya son las diez…

Ha sonado la hora de mis recuerdos,
Voy tan llena de ausencias,

Harta estoy de esperas,
De silencios, de vacíos…

Que se eleven mis brazos hasta el cielo,
Como el árbol extendido hacia el azul.

Se han volado las hojas de mi otoño
Y desnuda me sorprendo
Sin mis ramas,
Sin mis hojas… con mis hijas.
Formo entonces con ellas remolinos,
Una ronda que girando ligera
Hace ya tiempo,
En las manos juguetonas de otros niños
Ha llevado mis alas hasta el mar.

Decir quiero lo indecible – me parece –
Sin maneras,
En mi lengua,
Con mis tripas.

Me consuela ofreceros – cuando parta –
Este grito casi hecho canto,
Esta danza infinita y circular.

Me despido entonces sin palabras,
En silencio, nada más.

Generosa, sosegada,
Emprender quisiera la debida retirada
Y tranquilos en fin dejaros.
Permitidme entonces
Esta lenta sinfonía,
Una forma de sonrisa,
De caricia sostenida, compartida con vosotros,

Recibidla hasta el final.


Gabriela

En Besançon,
a 5 de Noviembre de 2008



Nulle part et partout…

Encore un peu de temps et je serai partie
Rien ne pourront alors contre moi les douleurs,
les froids, ni les angoisses, ni la peur ni l’ennui.

Oui, à l’instar du temps, les eaux m’emporteront
Loin, très loin, plus loin encore, au noir béant…
Et tellement plus loin que j’aurai l’air d’une ombre
Parvenant à me fondre dans l’incertain néant.

Je me sens tellement triste, d’une si grande peine
Si nombreux furent les coups
Bleus, rouges, tonitruants
Grotesques, ahurissants
Toujours violents, ces coups que j’ai hélas subis,
Des coups auxquels jamais nul n’aurait consenti..

Autrefois, et depuis des rives lointaines
aux eaux inapaisables de l’Océan Pacifique,
de ténébreuses vagues m’on traînée jusqu’ici
Et maintenant, aujourd’hui
Où est-ce que, donc, je suis ?
Nulle part et partout...

Impossible d’avaler toute cette poussière
Ni s’arrêter de boire, de toujours s’enivrer,
De boire dans les coupes infinies de l’amour.

Comme c’est affreux d’errer sur ce vaste désert
Et sans même le vouloir, ou si peu, juste à peine,
Coucher au lit du vent et du frissonnement.
Voici mon triste chant, geignant, pleurant sans fin
Fait de cris, hurlements, tellement déchirants…
Qu’il réveille en fureur les farouches loups du Sud.

Soudain, une chose qui s’éteint, une autre qui se tait,
N’y ayant rien compris je me demande encore :

Où ça ?, c’est pour qui ?
Et pourquoi je suis là ?

Est-ce que l’on peut danser,
et rêver des étoiles ?
Je n’en sais rien, je ne sais plus,
Je veux alors mourir,
Il est déjà dix heures…

Il a sonné, donc, l’heure de toutes mes remembrances,
et je m’y achemine si accablée d’absences,

Je suis si fatiguée de ces longues attentes,
de ces vides angoissants et de ces lourds silences, …

Que mes bras étendus s’élèvent jusqu’au ciel,
Comme arbre crucifié qui veut toucher l’azur !

Les feuilles de mon automne se sont loin envolées
Et moi, je me découvre nue, toute dépouillée,
Sans mes branches,
Sans mes feuilles… toujours avec mes filles,
Et je trace avec elles de vastes tourbillons ;
Une ronde entraînante qui tournoyant gracile
Depuis déjà longtemps,
Entre les mains espiègles de ces petits enfants
A emporté mes ailes au loin jusqu’à la mer.

Je veux dire l’indicible – ainsi que je le sens–
Et sans faire des manières,
Dans mon propre langage,
Mon âme et mes entrailles.

Contente de vous offrir – quand il faudra partir –
Ce long sanglot, ce cri devenu presque un chant,
Cette danse circulaire et à n’en plus finir.

Je vous fais donc, alors mes adieux sans paroles
En silence, rien d’autre.

Généreuse, apaisée,
Je voudrais entamer la retraite qui s’impose,
Et quand je partirai, que vous restiez en paix.
Permettez-moi dès lors
Cette lente symphonie,
Sous forme de sourire,
d’une longue caresse, avec vous repartie,

Veuillez la recevoir ainsi, jusqu’à la fin.


Gabriela


À Besançon,
le 5 novembre 2008

version libre française :
Jean-Yves Marin
le 28 novembre 2008

jeudi 29 avril 2010

AUX RUINES D'ITALICA

AUX RUINES D'ITALICA
(original + version française)

RODRIGO CARO (1573 – 1647)

Estos,Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora
campos de soledad, mustio collado,
fueron un tiempo Itálica famosa.
Aquí de Cipïón la vencedora
colonia fue; por tierra derribado
yace el temido honor de la espantosa
muralla, y lastimosa
reliquia es solamente
de su invencible gente.
Sólo quedan memorias funerales
donde erraron ya sombras de alto ejemplo.
este llano fue plaza, allí fue templo;
de todo apenas quedan las señales.
Del gimnasio y las termas regaladas
leves vuelan cenizas desdichadas;
las torres que desprecio al aire fueron
a su gran pesadumbre se rindieron.
Este despedazado anfiteatro,
impío honor de los dioses, cuya afrenta
publica el amarillo jaramago,
ya reducido a trágico teatro,
¡o, fábula del tiempo, representa
cuánta fue su grandeza y es su estrago!
¿Cómo en el cerco vago
de su desierta arena
el gran pueblo no suena?
¿Dónde, pues fieras hay, está, el desnudo
luchador?
¿Dónde está el atleta fuerte?
Todo desapareció, cambió la suerte
voces alegres en silencio mudo;
mas aun el tiempo da en estos despojos
espectáculos fieros a los ojos,
y miran tan confusos lo presente,
que voces de dolor el alma siente.

Aquí nació aquel rayo de la guerra,
gran padre de la patria, honor de España,
pío, felice, triunfador Trajano,
ante quien muda se postró la tierra
que ve del sol la cuna y la que baña
el mar, también vencido, gaditano.
Aquí de Elio Adriano,
de Teodosio divino,
de Silo peregrino,
rodaron de marfil y oro las cunas;
aquí, ya de laurel, ya de jazmines,
coronados los vieron los jardines,
que ahora son zarzales y lagunas.
La casa para el César fabricada
¡ay!, yace de lagartos vil morada;
casas, jardines, césares murieron,
y aun las piedras que de ellos se escribieron

Fabio, si tú no lloras, pon atenta
la vista en luengas calles destruidas;
mira mármoles y arcos destrozados,
mira estatuas soberbias que violenta
Némesis derribó, yacer tendidas,
y ya en alto silencio sepultados
sus dueños celebrados.
Así a Troya figuro,
así a su antiguo muro,
y a ti, Roma, a quien queda el nombre apenas,
¡o, patria de los dioses y los reyes!
Y a ti, a quien no valieron justas leyes,
fábrica de Minerva, sabia Atenas,
emulación ayer de las edades,
hoy cenizas, hoy vastas soledades,
que no os respetó el hado, no la muerte,
¡ay!, ni por sabia a ti, ni a ti por fuerte.

Mas ¿para qué la mente se derrama
en buscar al dolor nuevo argumento?
Basta ejemplo menor, basta el presente,
que aún se ve el humo aquí, se ve la llama,
aun se oyen llantos hoy, hoy ronco acento;
tal genio o religión fuerza la mente
de la vecina gente,
que refiere admirada
que en la noche callada
una voz triste se oye que llorando,
«Cayó Itálica», dice, y lastimosa,
eco reclama «Itálica» en la hojosa
selva que se le opone, resonando
«Itálica», y el claro nombre oído
de Itálica, renuevan el gemido
mil sombras nobles de su gran ruina:
¡tanto aún la plebe a sentimiento inclina!

Esta corta piedad que, agradecido
huésped, a tus sagrados manes debo,
les do y consagro, Itálica famosa.
Tú, si llorosa don han admitido
las ingratas cenizas, de que llevo
dulce noticia asaz, si lastimosa,
permíteme, piadosa
usura a tierno llanto,
que vea el cuerpo santo
de Geroncio, tu mártir y prelado.
Muestra de su sepulcro algunas señas,
y cavaré con lágrimas las peñas
que ocultan su sarcófago sagrado;
pero mal pido el único consuelo
de todo el bien que airado quitó el cielo
Goza en las tuyas sus reliquias bellas
para envidia del mundo y sus estrellas.




RODRIGUE CARO (1573 – 1647) – AUX RUINES D’ITALICA

Ce que tu vois ici, Fabius, oh, douleur,
des champs de solitude, un promontoire fané,
furent autrefois Italica indomptable.
Ici, de Scipion elle fut
la triomphante colonie ; jeté par terre
gît le redoutable honneur de l’effroyable
muraille, et pitoyable
relique, l’unique perceptible,
de sa gent invincible.
Seules subsistent des traces funéraires
où errèrent des ombres de haut exemple.
cette étendue fut place, celle-là un temple ;
de tout cela reste à peine des repères.
Du gymnase et des thermes mirifiques
s’envolent légères des cendres maléfiques ;
les tours que l’air avaient raillé,
de son grand poids elles furent écrasées.
Ce mi-détruit amphithéâtre,
honneur impie des dieux, dont l’affront
proclame la jachère jaunie,
réduit à présent à un tragique théâtre,
ô fable du temps, qui dit profond
combien fut sa grandeur, hui l’avanie !
Quoi ? au bord incertain
de sa déserte arène,
la foule, muette, se refrène ?
Où, puisque les fauves sont là, se tient-il le lutteur
nu?
Où est donc l’athlète fort ?
Tout cela disparut, il a mué, le sort
les voix joyeuses en silence de mort ;
qui plus est : le temps étale dans ces moyeux
des spectacles qui nous font fort mal aux yeux,
ils regardent si confondus, notre présent,
que des cris de douleur l’âme ressent..

Ici naquit ce foudre de la guerre,
grand père de la patrie, l’honneur d’Espagne,
pieux, bienheureux et triomphateur Trajan,
devant lequel, sans voix, s’agenouilla la terre
voyant le berceau du soleil et celle que baigne
la mer de Cadix, aussi vaincue d’antan.
Ici d’Hélie Hadrien,
de Théodose divin,
de Silo pèlerin ;
roulèrent les berceaux d’or et d’ivoire ;
çà de laurier, là de jasmins
ils les ont vu couronnés, tous ces jardins
changés en ronceraies, en marais noirs.
La mansion qui fut bâtie pour le César
Las ! gît en vil repaire des lézards ;
maisons, jardins, césars, sont tous occis,
et même les pierres que d’eux l’on écrivit.

Fabius, si tu ne pleures pas, pose attentif
Ton regard sur ces grandes rues dévastées ;
regarde les marbres et les arcs détruits,
Vois ces statues superbes, d’un geste convulsif
Némésis les brisa, qui gisent écrasées,
et déjà au fort silence enfouis
leurs maîtres renommés.
Ainsi Troie je vois, épique,
ainsi son mur antique,
et toi, Rome, dont il ne reste que ton nom, à peine,
ô patrie des dieux et des grands rois !
Et toi, qu’à rien ne te servirent tes justes lois,
atelier de Minerve, sage, savante Athènes,
émulation jadis de tous les âges,
à présent des cendres, plaines sauvages,
car il ne vous fit grâce ni sort, ni mort accorte,
las! ni à toi pour sage, ni à toi non plus pour forte.

Mais, à quoi sert-il laisser que l’esprit clame
en cherchant à la douleur encore un argument ?
Il suffit le moindre exemple, il suffit le présent,
car fumée se voit encor d’ici, on voit la flamme,
Même de nos jours, des pleurs, un rauque accent ;
un tel génie ou conscience le cœur oppressant
les âmes villageoises,
elles racontent admirées
que quand la nuit se tait,
surgit une voix triste qui, en pleurant,
«Italica est tombée», fit-elle, qu’un larmoyant
écho répète : «Italica», au sein du luxuriant
bosquet qui lui fait face, en résonnant
«Italica» et qu’à l’écoute de ce nom si clair
d’Italica, renouvellent les pleurs
mille ombres nobles, de sa grande ruine :
tant, même la plèbe, à la pitié il incline !

Cette brève dévotion qu’ému, et touché
hôte, à tes mânes sacrés je dois,
je la leur donne et consacre, Italica l’illustre.
Toi, si, éplorée, le don ont agréé
ces cendres affligeantes dont j’accrois
un assez doux mémoire, si douloureuse,
permets-moi, une pieuse
surenchère au tendre pleur
afin de voir le corps très saint
de Géronce, ton martyr et prélat.
Laisse voir de son sépulcre quelques traits
et je creuserai de mes larmes les rochers
occultant sa dépouille et son éclat ;
mais je fais mal de quérir la seule consolation
de tout le bien que, dans son ire, t’a ôté le ciel.
Jouis alors, parmi les tiennes, de ses reliques étales
à rendre jaloux le monde et ses étoiles.


Libre traduction en français par :
Jean-Yves Marin
En France, le 26/04/2010.-
( 4e ébauche )

jeudi 1 avril 2010


María Eugenia (A la Sra. M.–E.)





Estas coplas te escribo,
Maria Eugenia,
Pues no puedo cantarlas
Como quisiera.
En mis horas a solas
- Que no son pocas -
Pienso mucho en Recreo
Junto a las olas.
Junto a las olas, ¡;si!
Villamarinas,
Que sueño : verlas pudiera,
¡ qué maravilla !

Y en Mariugen querida,
Mi buena amiga,
Que de regreso a Delft
Tal vez me escriba
De su casita azul
Hecha de loza,
Quizás, en su teclado,
Gentil y airosa.
Gentil y airosa, ¡ sí !
Me cuente, amena,
Todas sus novedades
Malas y buenas.

Yo, muy esperanzado,
Su prosa espero,
Y mientras pasa el tiempo
Ya desespero.
Quizá telefonee,
Dulce y mimosa,
O por el Web me escriba
Muy glamorosa.
Tal vez ha recibido
Cuatro carillas
Que le envié hace días
Desde mi villa.

Tarde o temprano, un día,
Ya nos veremos,
Y de alegría y gusto
Tal vez lloremos.
Aquí te digo adiós,
María Eugenia,
Aura mesmo me voy,
El alma en pena.
El alma en pena, ¡ sí !
No más te digo,
Pero sereno sigo
Por mi camino.


Jean-Yves Marin
En Saint-Vit, Francia,
a 26-11-20O0

florent-sur-l'incertain_estran

Mon premier message est pour les amitiés qui voudront bien rendre visite à ces pages.

Je commence les présentes ce jeudi premier avril 2010, jour anniversaire de mon arrivée en France avec les miens, en 1974.

Le nom du site, à part mon pseudonyme, évoque ma situation permanente, à croire que l'étymologie du mot «estran» a quelque chose en commun avec le terme italien «estraniero»: l'étranger.

Puisque je suis et je resterai étranger, et solitaire, où que j'aille, jusqu'à la fin. C'est une position inconfortable, dérangeante, mais elle a surtout le mérite de la clarté sans faux-fuyants.

Cher(e)s ami(e)s, je vous salue bien bas.