CUANDO FUI NIÑO
Érase una vez un niño cuando tenía seis años
Muy tímido, muy curioso para descubrir lo extraño.
Sus ojazos sorprendidos captaban esas facetas
Novedosas que la vida le mostraba, sus rarezas.
A veces no comprendía, pues no era en los movimientos
Que el misterio se cifraba. A veces, los pensamientos.
Esas gentes, a través del fulgor de una mirada,
En hondo suspiro mudo, y nada más, se expresaban.
Esas enigmas menores, lo no dicho, la respuesta,
O una canción tan triste como el subir una cuesta
Con un peso en las espaldas, un gesto ya resignado,
Ya vencido, se quedaban en silencio, inexpresados.
En aquel tren de tercera viajábamos hacia el mar,
Nimia aventura o paseo que aún no puedo olvidar :
- olor de lana mojada, de humedad, fría pobreza -
Vendedores vocingleros de huevos duros, cerveza.
Otros vendían turrones, castañas y pollos fritos,
Que todo el mundo engullía. Otros dormían, ahítos
O bien engañando el hambre, sin dinero en sus bolsillos…
Pasó un viejo cantor ciego, solo con sus estribillos.
Con su voz bronca, quebrada por el alcohol y la pena,
Un canto desesperado como clamor de una fiera.
Era una canción de amor, de angustia y de soledad,
Aún rondan mi memoria esos versos de ansiedad.
(…) Que nunca me falte
tu tierna caricia,
La luz de tus ojos
Tu tierno mirar (…)
Tal vez la memoria falla, mas respondo de la esencia,
Un chavalito no puede penetrar tales vivencias,
Pero tuve intuición de una tragedia insondable.
Por la canción, por el ciego, miseria y pena imborrables.
Sentí tristeza y piedad de la humana condición,
No en conceptos ni virtud, sólo un sentir y un dolor
Punzante y hondo, que ardía, abrasaba el corazón,
Algo tan fuerte y profundo, que ese niño no olvidó.
Jean-Yves Marin
(Francia, 13-08-2010)
vendredi 13 août 2010
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